4º Directo

Ansiedad fisiológica y cognitiva

Después de este tiempo de confinamiento, me cuesta mucho volver a la rutina de antes, de hecho, no quiero. ¿es normal?

Claro que es normal. Esto ocurre por dos razones, la primera de ellas es que para todo, incluso para lo que teníamos bien conocido, necesitamos un periodo de adaptación. Llevamos muchos meses con una rutina totalmente diferente y retomar una parecida a la anterior nos va a llevar algún tiempo. Por otro lado, el haber tenido la oportunidad de parar, de revisar nuestras prioridades y conectar con nosotros mismos nos ha hecho plantearnos si realmente estamos donde queremos estar. De repente estos meses hemos tenido algo más de tiempo para hacer deporte, aprender algo nuevo, cocinar más sano o jugar con nuestros hijos. Hemos cuidado de nosotros y eso, lógicamente, nos hace sentir bien. El objetivo sería mantener esta parte de autocuidado en la nueva normalidad.

Desde que salgo de casa, me siento en tensión, estoy todo el rato pensando en lo que toco, en lo que toca la gente, en si llevan mascarillas, guantes.. necesito relajarme porque me da que voy a acabar estresada.

Esa tensión que describes podría denominarse estrés. El estrés aparece cuando nos enfrentamos a situaciones que exigen esfuerzos intensos por nuestra parte o cuando percibimos que nuestro recursos para gestionar la situación no son suficientes.

Lo que estamos viviendo requiere de esta tensión para estar vigilantes y poner en marcha estrategias que nos ayuden a prevenir la amenaza que supone el coronavirus.

Algunas recomendaciones que te pueden ayudar a estar más tranquilo son: hacer lo que depende de ti (ponerte mascarilla, respetar distancia de seguridad, disponer de gel hidroalcohólico, etc.) y tomar conciencia de que con eso ya estás reduciendo en gran medida la probabilidad de contagio; recordar que no podemos controlar el comportamiento de los que nos rodean; poner el foco de atención en todas aquellas personas que cumplen con las medidas de higiene y darte cuenta de que son mayoría.

Cuando alguien se sienta a mi lado, tengo un sentimiento de rechazo porque quiero estar sola. ¿qué puedo hacer?

Hablando se suele entender la gente. Si hay disponibilidad, le puedes pedir educadamente a la otra persona que se siente en otro lado, o bien puedes cambiarte de sitio. Si no hay opción de cambio, es importante tener en cuenta que la otra persona no está incumpliendo las medidas de higiene y por ello tiene derecho a sentarse ahí. Lo mejor en esos casos es normalizar lo que sientes, al mismo tiempo que analizas lo que temes. Dada la situación, lo más probable es que temas contagiarte y que eso pueda afectar también a las personas con las que te relacionas. Recuerda: aunque el riesgo cero no existe para nada en la vida, solo protegiéndote tú ya estás reduciendo muchísimo la probabilidad de contagio.

Sé que el coronavirus no se transmite por la piel pero no soporto que me toquen y no sé cómo cambiar esta actitud.

Es cierto que el coronavirus no se transmite por la piel, pero también es cierto que la proximidad física puede aumentar la probabilidad de contagio. Por ello, lo recomendable es que seas tú el encargado de marcar esa distancia con un tono, una disposición y una actitud amable. Seguro que la persona que tienes al lado lo entiende y agradece el recordatorio. Si no fuera así, son las personas que se ponen en riesgo las que lo hacen mal, no tú.

Si por alguna razón alguien se despistara y no está en tu mano evitarlo, también es interesante relativizar. Es decir, cuestionarse si el posible o probable que ocurra lo que temo (contagio), no atribuir la conducta del otro a malas intenciones (todos podemos despistarnos en una situación tan novedosa) y elaborar un plan de acción que me ayude a estar más tranquilo (lavarme las manos, uso de gel, identificar si detrás de la intensidad de mi emoción puede haber un pensamiento irracional, etc.).

Veo que la gente que me rodea está mucho más liberada que yo, a mí me está costando mucho, ¿es normal?

Claro que es normal. Hay tantos ritmos de adaptación válidos como personas en el mundo. Estamos (mal) acostumbrados a compararnos con los demás y evaluarnos en función de si nos parecemos o no a los que tenemos al lado. Hay que intentar abandonar ese pensamiento dicotómico que nos hace daño y tomar conciencia de que hay muchas maneras diferentes de hacer las cosas bien. Darnos tiempo, permitirnos ser fieles a nuestras necesidades y reconocernos valiosos en nuestras diferencias es lo que hará que el camino de la “nueva normalidad” sea más sencillo.

Tengo una sensación rara, cuando miro a la gente que me rodea la veo como si fueran enemigos…

Esa sensación es normal. Ahora mismo todos los que nos rodean son una potencial amenaza. Es importante no juzgar esa sensación de rechazo que podemos tener, ya que su objetivo es protegernos. No obstante, si nos enganchamos y nos dejamos llevar constantemente por esa sensación acabaremos desprotegidos, en tanto en cuanto perderemos nuestra red de apoyo y el contacto con personas importantes para nosotros.

En definitiva, dejemos estar esa sensación y hagámosle caso cuando sea necesario extremar las medidas de precaución (espacios cerrados, contacto con gente desconocida, etc.)

No soy nada violenta pero cada vez que veo a gente que no hace las cosas como hay que hacerlas, me pide el cuerpo decirles que no está bien ¿debo hacerlo o no?

No es cuestión de pensar si debo hacer o no determinadas cosas. Lo importante en esas situaciones es evaluar las consecuencias de lo que puede ocurrir y el coste emocional que tendrá para uno mismo. En este sentido, si no tengo otra opción y me voy a ver beneficiado al decirle a otra persona lo que debe hacer, quizá merece la pena asumir ese coste. Sin embargo, si tengo otras vías para conseguir mi objetivo, puede ser interesante adoptarlas y no verme envuelto en una situación desagradable para mí.