3º Directo

Cómo enfrentarnos a las emociones

He intentado decirme a mí mismo que no debo pensar en el contagio, que me hará más daño, pero no lo puedo controlar. ¿Qué puedo hacer?

El descontrol, ya sea en las emociones, en la alimentación, en el trabajo, etc., puede ser consecuencia de un exceso de control. Por ello, cuanto más tratamos de controlar nuestros pensamientos, intentando que no aparezcan algunos de ellos, mayor es la probabilidad de que sintamos que nos molesten. Esto se puede explicar por la ley de los vasos comunicantes, la cual establece que si intentamos reprimir algún componente de la emoción, los otros dos se desbordan.

La recomendación más apropiada en este caso sería dejar que la emoción nos acompañe, tomando distancia de ella y manteniendo las actividades que son valiosas para cada uno de nosotros.

En casa nos estamos sintiendo desbordados entre el cuidado de los niños y el teletrabajo. A veces cuando tengo que decirles algo a mis hijos lo hago de una manera muy brusca y luego me arrepiento. No sé si hay alguna manera de proceder ante esta situación.

Esta pregunta es muy interesante para explicar las funciones de las emociones. Así como el miedo es desagradable, pero tiene la función de protegernos, la culpa aparece para indicarnos que le hemos generado daño a otra persona.
Eso no nos convierte en malos, sino en humanos. Lo mejor que podemos hacer para regularnos es reconocernos como tal y pedir disculpas. Existe la creencia de que recular con los hijos puede ser contraproducente respecto a la autoridad. Sin embargo, rectificar no solo genera vínculos más sanos con ellos, sino que además nos convierte en modelos adecuados de gestión emocional.

Desde que estamos en la nueva normalidad estoy mucho más negativa. No solo me preocupa lo que pueda llegar a pasar, también estoy más descontenta conmigo misma y con la relación que tengo con los demás, ¿es normal?, ¿qué puedo hacer?

No hay emociones correctas o incorrectas, por tanto es normal que te sientas de esa manera ahora mismo. Una ley que explica muy bien la relación entre pensamientos y emociones es la de la infusión emocional. Esta ley plantea que las emociones pueden asemejarse a las bolsitas de las infusiones. De la misma manera que estas tiñen el agua de un color determinado, nuestras emociones pueden teñir la forma en la que vemos el mundo. Son momentos de incertidumbre, de miedo, de amenaza, por lo que es normal el incremento de pensamientos negativos. En cuanto a lo que se puede hacer para una buena regulación, la recomendación sería introducir actividades en tu rutina que puedan generar en ti emociones de tipo agradable.

¿Hay alguna manera de conseguir no tener miedo o estar siempre de buen humor? Me dan envidia las personas que parecen tranquilas aun en esta situación.

Uno de los errores que más cometemos los seres humanos es compararnos con otras personas con las que saldremos desfavorecidos. Cada uno tenemos nuestra forma de vivir lo que nos pasa y no es ni mejor ni peor. No obstante, la ley de la universalidad emocional plantea que, aunque no siempre sea visible para nosotros, todos experimentamos las mismas emociones. Quizá no ante las mismas situaciones y quizá no lo expresamos de la misma manera, pero todos tenemos miedo, todos nos enfadamos y todos podemos sentirnos alegres. Cuidado con idealizar.

¿Realmente se pueden cambiar estas emociones? Yo sé que no es bueno sentir ansiedad, tristeza o estar enfadado, pero me cuesta cambiarlo.

Considerar que las emociones son buenas o malas es uno de los principales errores para una buena gestión emocional. Los psicólogos tratamos de clasificarlas como agradables o desagradables para que no dé lugar a confusión. La ley emocional que refleja este aspecto es la de la amnistía emocional. Esta ley plantea que las emociones no están sometidas a juicio ético, lo que sí podemos juzgar son las conductas que podrían derivarse de esas emociones. Así, tenemos todo el derecho del mundo a enfadarnos. Lo que está mal o es inadecuado es que ese enfado nos llevara a agredir a la persona que tenemos delante. La recomendación en este sentido es dejar de clasificar las emociones en buenas y malas, al mismo tiempo que llevamos a cabo conductas que nos ayuden a regularnos.

Siento mucha rabia por dentro cada vez que tengo ansiedad, no puedo soportarlo y no entiendo por qué me pasa. Me considero una persona fuerte y aun así no lo puedo controlar. ¿Qué puedo hacer ante esta situación?

Cuidado con idealizar. Las personas fuertes no son aquellas que no sienten, ya que éstas no existen. Las personas fuertes son aquellas que contemplan sus emociones y no se juzgan por sentir. Por tanto, eres fuerte sintiendo emociones desagradables o no. En este punto, hay dos leyes claves. La primera de ellas es la de la aceptación emocional. Esta establece que, cuando no podemos cambiar la situación a nuestro antojo, lo único que puede ayudarnos es normalizar o dar por válida dicha emoción. Al no resistirnos la ansiedad acabaría disminuyendo por sí sola.
Otra de las leyes relevantes en este caso es la de las emociones secundarias, la cual plantea que de no aceptar la emoción que aparece en primer lugar corremos el riesgo de que aparezca otra de mayor intensidad y por tanto tengamos dificultades para regularnos. En este caso la no aceptación es lo que daría paso a la rabia.

Yo me siento muy culpable cuando me equivoco o me despisto con las nuevas normas de higiene. Intento hacerlo todo bien y cuando me doy cuenta de que he fallado me empiezo a sentir fatal conmigo mismo. Esto hace que no tenga ganas de salir de casa y sé que eso no ayuda. ¿Cómo solucionarlo?

Ya comentamos en directos anteriores que las situaciones nuevas necesitan de un periodo de adaptación o aprendizaje. Hasta que interiorizamos todo lo que debemos hacer se producen errores en el camino. Para la mayoría de nosotros esto es más la norma que la excepción. Acepta que te vas a equivocar y que eso te puede servir como recordatorio para la primera vez.

Por otro lado, podríamos comentar ante esta pregunta la ley de la falibilidad emocional. Esta sugiere que las emociones son como las alarmas de incendios, mejor que suenen por error, que que no suenen y nos acabemos quemando.
Nosotros tenemos que identificar cuando están sonando por error. En este caso hablas de culpa, pero en principio no has provocado un daño a nadie, por lo que es posible que la culpa sea una falsa alarma. Podríamos buscar una emoción que te dé más información acerca de lo que ha ocurrido y quizá podría ser la frustración, la cual nos informa de que no hemos conseguido lo que queríamos (recordar todas las medidas de higiene a la perfección). Identificar correctamente las emociones nos ayuda a ajustar su intensidad y con ello a regularnos adecuadamente.